Los Siete Idiomas Más Difíciles de Aprender

Aprender un nuevo idioma puede ser un logro satisfactorio y gratificante. Sin embargo, algunas lenguas pueden ser más difíciles de aprender que otras para ciertos individuos, dependiendo de qué tanto se relaciona el nuevo idioma con tu dialecto nativo. Por ejemplo, una persona China podrá encontrar más fácil aprender Japonés que Español o Alemán. Ya que las lenguas Europeas (esto es, Inglés, Español, Alemán, Francés, etc.) todos tienen orígenes que pueden ser trazados al latín, hay similitudes que facilitan a quienes hablan estos lenguajes aprender otro idioma basado en el latín. Por esta razón, los lenguajes Asiáticos, del Medio Oriente y Eslavos son a menudo las más difíciles para los Occidentales.

Sea que estés intentando ser políglota con un esfuerzo mínimo, o simplemente estás confundido acerca de qué lenguaje deseas aprender ahora, saber los retos asociados con el aprendizaje de los lenguajes específicos te puede ayudar a tomar una decisión informada en tu plan para expandir tu léxico. Los siguientes son los siete idiomas más difíciles de aprender para los que hablan Inglés:

 

1. Árabelearning-arabic

Aprender a leer Árabe puede ser una tarea complicada debido al limitado uso de las vocales. Además, existen muchas palabras Árabes que no tienen contrapartes exactas en Inglés, así que puede ser difícil realizar asociaciones efectivas entre las nuevas palabras que aprenderás y las palabras a las que ya estás acostumbrado en tu lengua nativa.

También existen dos tipos principales de Árabe – formal (el dialecto que se ve en las publicaciones Árabes como el Korán, típicamente hablado por los medios y la clase alta Árabe) y el informal (un dialecto más relajado y moderno, hablado por la mayoría del público general). Así que incluso si estás versado en el Árabe formal, tal vez no entiendas o no te puedas comunicar con el Árabe promedio sin conocer además el Árabe informal.

Para aprender Árabe también deberás familiarizarte con la pronunciación de sonidos guturales/faringealizados (emitidos desde la garganta) que nunca has encontrado antes. Finalmente, aprender a leer/escribir en Árabe es un reto completamente separado de aprender a hablarlo, ya que las letras son extremadamente elocuentes y presentan trazos caligráficos curvos, a diferencia de otros alfabetos que más que nada incorporan líneas rectas que son fáciles de dibujar.

 

learning_chinese2. Chino

El Chino es tal vez una de las lenguas más complejas del mundo, con un alfabeto extenso que consiste de literalmente decenas de miles de caracteres, algunos de los cuales rara vez son usados. Al igual que otros idiomas Asiáticos, el Chino también es un idioma tonal, así que los significados de las palabras pueden cambiar dependiendo del tono en que son hablados. Muchas de las palabras suenan similares y también son muy breves, con sólo una o dos sílabas, así que puede ser fácil enredar la lengua cuando intentes aumentar la velocidad de tu discurso.

 

3. Japonésjapanese-symbols

Como el Chino, el Japonés también tiene un alfabeto con miles de caracteres que deben ser memorizados. Es más, existen dos sistemas separados de silabario que utilizan símbolos para describir la pronunciación de cada sílaba. Uno de los aspectos más complejos de aprender Japonés es ganar habilidad en el sistema de lectura/escritura – Kanji. El uso de palabras también varía para hombres, mujeres y niños y dependiendo del contexto en que las palabras son usadas. Por ejemplo, existen cuatro variantes de las palabras “yo” y “tú” – una formal, una muy formal, una informal y una informal de cada una.

 

Korean_language4. Coreano

Las oraciones Coreanas están estructuradas de una manera muy diferente al modo en que las frases lo están en los lenguajes Europeos, así que el orden en el cual las cláusulas son habladas puede ser contrintuitivo al comienzo. Las reglas de puntuación y sintaxis no son muy familiares, y deberás adaptarte a un nuevo modo de usar los verbos. El alfabeto escrito Coreano también se basa en el uso de algunos caracteres Chinos que son difíciles de recordar y escribir apropiadamente. Así y todo, existen muchas menos letras en el alfabeto Coreano que los dos idiomas Asiáticos mencionados, que es por qué está en un lugar más bajo de esta escala de dificultad.

 

5. Húngarorovasiras_nagy

El Húngaro es difícil de aprender porque las palabras pueden tomar varias formas – masculino, femenino y neutral – dependiendo del contexto. Estas conjugaciones pueden tomar algo de tiempo para acostumbrarse, tanto como que el modo en que se interpreta la palabra está determinado por el comienzo o el final. Existe más de una docena de modos de modificar una palabra para cambiar su significado. A diferencia de las lenguas Europeas, el Húngaro no puede trazarse de vuelta al Latín, así que la mayoría de las palabras no guardan similitud a ninguna palabra Inglesa. Sin embargo, los nativos de otros idiomas de los Urales (esto es, Finlandés, Estoniano, Udmurt) podrán encontrar más fácil el aprendizaje del Húngaro.

 

hindi6. Hindi

El Hindi es un reto de aprender porque no sólo presenta un alfabeto único con exquisitos caracteres, también incorpora el uso de sonidos fonéticos que no son familiares, tal como “Rda” o “dha.” El modo en que las palabras están ubicadas en la secuencia también puede ser confusa al principio, ya que el verbo casi siempre precede al objeto que está complementando. En otras palabras, en vez de decir “Chris tiró una roca”, en Hindi sería “Chris la roca tiró.” La pronunciación exacta de las letras D y T también puede variar dependiendo de la palabra y puede ser difícil para alguien que habla Inglés distinguir entre las sutilezas.

 

7. Polaco1-604_Let-sLearnPolish

Uno de los aspectos más frustrantes de aprender Polaco es entender el sistema de casos. Existen siete casos que pueden ser aplicados a las palabras para cambiar su significado general en el contexto de una oración. Por ejemplo:

En las oraciones Inglesas “en la luna”, “sobre la luna” y “bajo la luna”, la palabra “luna” siempre se incluye, y la relación de la locación respecto a la luna está descrita en las palabras precedentes (esto es, en, sobre, bajo, etc.). Sin embargo, en Polaco existen variaciones para la palabra “luna” que cambiarían completamente basado en si la oración describía algo en, bajo o sobre la luna.

No sólo hay variaciones para casi cada palabra, sino que las oraciones también están ordenadas al revés respecto al Inglés. Así que la oración Inglesa “Hay bastantes turistas en Nueva York,” se traduciría al Polaco como “En Nueva York haber bastantes turistas,” y por supuesto si quisieras añadir más información acerca de los turistas a esa oración, tendrías que usar una variación diferente de la palabra “turista.”

Como en otras lenguas Eslavas, los sustantivos pueden tomar 3 formas diferentes, dependiendo si son usados en masculino, femenino o contexto neutral. Leer, escribir y entender la gramática Polaca son retos en sí mismos, pero aprender cómo diferenciar entre y pronunciar sonidos que nunca has encontrado antes (como “sz”) puede ser aún más difícil. Incluso después de que te has acostumbrado a estas pronunciaciones tan únicas, hilar una oración polaca con éxito y con un acento perfecto y sin errores es una tarea formidable para alguien no nativo.

 

Conclusión

Si te intimida el reto de aprender algunos de estos idiomas, considera las capacidades lingüísticas y comunicativas que tendrás después de hacerlo. Con cada idioma que aprendes se vuelve un poco más fácil aprender otro, particularmente si se relacionan en algún modo. Así que si tienes suficiente fuerza de voluntad para aprender siquiera uno de los idiomas en esta lista, aprender otro después será relativamente simple.

 

Articulo de: Linguim

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Efectos saludables de aprender idiomas

brain-gym-exercises1Conocer una segunda o tercera lengua no sólo es útil para trabajar o viajar, sino que ayuda a mantener el cerebro en forma. Diversos estudios aseguran que al hablar más idiomas se mejora la capacidad de atención y hasta se atrasa el alzheimer. Ser políglota significa cuidarse en salud.

 

En el mundo hay más de 6.500 idiomas. Una auténtica torre de Babel. Si bien es imposible para cualquiera hablarlos todos, ampliar nuestros conocimientos lingüísticos es con toda seguridad una opción ganadora.

 

En un mundo cada vez más globalizado y ávido de comunicación, el saber desenvolverse en una realidad cultural tan heterogénea en distintas lenguas es un valor añadido de gran importancia. El reciente debate sobre incluir el inglés como asignatura obligatoria en las carreras universitarias va precisamente en este sentido. Pero ser políglota no es sólo una cuestión de tener un mejor currículum o de tener más facilidad para hacer amigos repartidos por el planeta. Aprender idiomas es un ejercicio muy saludable para nuestro cerebro. Así apuntan recientes investigaciones.

 

Científicos del University College de Londres detectaron, tras examinar a 105 personas de las que ochenta eran bilingües, que el conocer un segundo idioma altera en sentido positivo la estructura del cerebro, en concreto el área que procesa información. En particular, mejora la llamada plasticidad cerebral. Un poco como un ejercicio deportivo ayuda a potenciar los músculos. En efecto, el análisis con el escáner ha demostrado que la materia gris situada en la parte inferior de la corteza parietal era más densa entre los que hablaban una segunda lengua, sobre todo entre los que aprendieron el idioma desde pequeños.

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El profesor de Psiquiatría de la Universidad de California de Los Ángeles Joaquín Fuster, que habla fluidamente seis idiomas, cree que si se quiere potenciar la memoria, es recomendable abandonar el cómodo monolingüismo ya que “con un segundo idioma se mejoran todas las funciones cognitivas, la atención, la percepción, la memoria, la inteligencia y el lenguaje”. ¿Le parece excesivo?

 

En realidad, conocer idiomas supone una gimnasia cerebral muy completa. “Requiere la participación de muchas regiones del cerebro. Están implicadas las áreas clásicas del lenguaje, como la corteza izquierda temporal media, la corteza inferior frontal, así como un conjunto de regiones tradicionalmente asociadas al control cognitivo frontales y subcorticales”, explica Antoni Rodríguez Fornells, profesor de la Universidad de Barcelona e investigador de la Institució Catalana de Recerca i Estudis Avançats (Icrea).

 

Al ponerse en marcha gran parte de la maquinaria cerebral, se producen, de forma indirecta, efectos muy positivos en otras áreas. Así, “los niños bilingües destacan por tener una mejor capacidad de selección de las respuestas, una mayor habilidad para llevar a cabo tareas simultáneas, gracias a que consiguen evitar interferencias y controlar el comportamiento”, dice Rodríguez Fornells. Albert Costa, profesor universitario y miembro del grupo de Neurociencia Cognitiva del Parc Científic de Barcelona, recuerda que “las personas que hablan dos lenguas tienen una mayor facilidad para focalizar su atención en aquello que consideran importante y prescindir de las informaciones que puedan interferir”.

 

Sin embargo, hay que introducir algunos matices. Uno es el número de idiomas. Conocer diez lenguas no nos convertiría en genios de forma automática. Es más, con dos bastaría. La psicóloga Ellen Bialystok de la Universidad de York, en Canadá, reconoce que al hablar un idioma extranjero “se registra una mejor calidad de la atención para problemas complejos. Es como si pudiéramos concentrarnos mejor conduciendo en la carretera, evitando estar pendientes de otras informaciones que nos distraen”. Sin embargo- apunta-, no hace falta convertirse en políglota para que nuestro cerebro mejore la plasticidad. “A partir del segundo idioma que se aprende, no se registran ulteriores beneficios en el cerebro”.

 

La otra gran incógnita es la edad. Las investigaciones científicas no coinciden todas en este punto. Bialystok defiende que los idiomas sientan bien, tanto a los adultos como a los niños. Y eso porque el hecho de hablar dos lenguas “ayuda a equilibrar el envejecimiento del sistema nervioso”. En particular, las investigaciones de Bialystok apuntan que en edad avanzada el aprendizaje de un idioma sería incluso muy provechoso y que la aparición del alzheimer “podría retrasarse hasta cuatro años”.

 

bilingual_1Otra línea científica sostiene, en cambio, que si uno está familiarizado desde pequeño con una lengua extranjera tendrá mayores beneficios en su cerebro que un adulto que decida al cabo de unos años matricularse en un cursillo de idiomas. Andrea Mechelli, del University College de Londres, afirma que “quienes asimilan un idioma después de los 35 años sufrirían alteraciones positivas en el cerebro (respecto a un monolingüe), pero no de forma tan pronunciada como los que lo hacen de forma temprana”. Se confirmaría pues el tópico de que un niño de tres años puede expresarse en portugués, francés o inglés, mientras que un cuarentón con años de estudios a menudo tan sólo consigue preguntar dónde está la parada de taxis.

 

¿Por qué cuesta tanto a los adultos aprender otro idioma? Paul Iverson, del Centro para la Comunicación Humana de Londres, asegura que la explicación reside en la experiencia de la lengua nativa, que «deforma la percepción y enseña a ignorar determinados sonidos». Un estudio publicado en la revista Nature hace unos años formulaba otra hipótesis: los adultos que aprenden un segundo idioma tendrían zonas separadas en el cerebro, en la llamada área de Broca, dedicadas a cada lenguaje. En cambio, los niños bilingües activarían la misma zona del cerebro, independientemente del idioma elegido.

 

Esta diferencia demostraría que con el paso de los años a las estructuras cerebrales les cuesta más acomodar más de un idioma. Éstas se hacen más rígidas e inmodificables, por lo que en la cabeza de una persona adulta debe establecerse otra estructura diferente para permitir el aprendizaje. En cambio, los bilingües, al usar la misma área cerebral, no se equivocarían porque en el núcleo caudado izquierdo, una zona del cerebro, se activaría como un interruptor, encendiendo el idioma adecuado en cada momento y apagando el otro.

 

No obstante, por mucho esfuerzo que se ponga en libros y manuales, la predisposición genética también influye. Un equipo de la Universidad de Northwestern de Chicago dirigido por Patrick Wong ha comprobado que la circunvolución de Heschl, una estructura cerebral que apenas supone el 0,2% del volumen total del cerebro, se relaciona con las habilidades lingüísticas y en particular con el reconocimiento de los sonidos primarios. Dicha estructura, que se encuentra a ambos lados del cerebro, tiene un tamaño que varía según las personas. Cuanto más grande, más talento. “Podría predecir la capacidad para aprender otra lengua”, aseguran los investigadores.

 

Por ello, tampoco es positivo que los padres insistan para que el niño se convierta en políglota. Puede que las lenguas no le entren por ningún lado, debido a sus características cerebrales o incluso a las situaciones familiares. “Hay que tener presente el contexto emocional. No se puede forzar a un niño a aprender un idioma”, advierte Fuster. De hecho, uno de los problemas más frecuentes es que los más pequeños acaben rechazando o confundiendo las distintas lenguas. De todas formas, hay que recordar que el bilingüismo (o trilingüismo o lo que fuera) tiene un coste, que es de tipo temporal. Una investigación llevada a cabo por Albert Costa asegura de que hay un pequeño retraso, de milésimas de segundos, en llevar a cabo determinadas actividades como por ejemplo hacer dibujos (hasta un 10% más lento que un monolingüe). Y en los niños, por supuesto, puede producirse un retraso en el habla.

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Eso sí, se trata de un coste asumible con relación a los beneficios que se producen. Laura-Ann Petitto, del departamento de Psicología y Ciencias del Cerebro de la Universidad de Darmouth en Estados Unidos, sostiene que «no se debería temer en los niños la contaminación entre lenguas, por el temprano acercamiento al bilingüismo». Sus hallazgos indican, en cambio, que cuanto antes se empiece, mejor: «Un acercamiento tardío a un segundo idioma restringe el aprendizaje y puede provocar que los niños no lleguen nunca a dominarlo completamente». Antoni Rodríguez Fornells afirma que los niños tienen hasta los nueve meses la posibilidad de aprender cualquier posible sonoridad o contraste fonológico, una capacidad que luego se pierde. Así, no habría que tardar si se quiere que los pequeños asimilen el nuevo idioma.

Articulo de: elcastellano.org

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